La persona que trabaja y la persona que consulta
Después de más de 30 años trabajando dentro de organizaciones, hoy integro esa experiencia a mi práctica como psicóloga clínica. Haber conocido de cerca distintos roles, equipos y situaciones laborales también transformó mi manera de comprender el malestar psicológico: no solo qué le sucede a una persona, sino cómo piensa, siente y actúa frente a lo que atraviesa y en qué contexto ocurre.
Durante más de treinta años trabajé dentro de organizaciones.
Empecé como recepcionista mientras estudiaba Psicología. Pasé por administración, comercial, liderazgo de equipos y, finalmente, por la gestión de Recursos Humanos.
Trabajé en PyMEs y en organizaciones de mayor estructura. Estuve cerca de empleados, líderes, equipos y decisiones que involucraban personas.
Durante mucho tiempo observé a las personas desde el lugar de la organización.
Hoy, como psicóloga clínica, las observo desde otro lugar.
Y hay algo que para mí resulta evidente: la persona que llega a una consulta preocupada, angustiada, desmotivada, con miedo, con dificultades para poner límites o sin encontrar una salida a una situación que la supera, es la misma persona que al día siguiente puede sentarse frente a una computadora, entrar a una reunión, liderar un equipo o responder un correo.
El malestar no queda afuera cuando empieza la jornada laboral.
Tampoco queda necesariamente dentro de la oficina cuando termina.
Durante mis años en empresas vi muchas veces cómo una situación laboral podía afectar la manera en que una persona pensaba, sentía y actuaba. También vi lo contrario: cómo una dificultad personal podía modificar sus relaciones, su rendimiento, sus decisiones y su manera de afrontar lo que sucedía en el trabajo.
Pero aprendí algo más.
No siempre es útil preguntarse únicamente qué le pasa a una persona.
También es necesario preguntarse qué está haciendo con aquello que le pasa, qué intenta evitar, qué consecuencias tienen esas estrategias y en qué contexto se están produciendo.
Una persona puede sentirse profundamente ansiosa y comenzar a evitar conversaciones difíciles.
Puede tener miedo a equivocarse y revisar una y otra vez su trabajo.
Puede sentirse desbordada y empezar a postergar decisiones.
Puede estar atravesando una pérdida y exigirse funcionar como si nada estuviera ocurriendo.
Puede sentirse insegura y buscar constantemente aprobación.
Estas respuestas no aparecen de la nada. Muchas veces tienen una razón de ser. Pueden ayudar, al menos momentáneamente, a reducir el malestar, evitar una situación que genera miedo, recuperar cierta sensación de control o protegerse de algo que la persona percibe como amenazante.
El problema aparece cuando esas mismas formas de afrontar lo que sucede comienzan a tener un costo: cuando restringen la vida de la persona, afectan sus vínculos, interfieren en su trabajo o le impiden avanzar hacia aquello que considera importante.
Por eso, cuando trabajo con una persona, no me interesa solamente identificar qué siente o qué piensa.
También me interesa comprender qué hace cuando aparece ese pensamiento o esa emoción, qué intenta conseguir o evitar con esa conducta y qué consecuencias tiene para ella.
Porque una conducta que puede parecer incomprensible desde afuera muchas veces tiene sentido cuando comprendemos qué función cumple para esa persona.
Mi experiencia dentro de las organizaciones me enseñó a no mirar estos comportamientos de manera aislada.
Una misma conducta puede tener significados diferentes según la historia de la persona, lo que está atravesando y el contexto en el que ocurre.
No considero que todo malestar sea un problema laboral.
Tampoco que todo pueda explicarse por la historia personal.
La manera en que una persona piensa, siente y actúa está atravesada por su historia, sus aprendizajes, sus recursos y el contexto en el que se encuentra.
Ese es el lugar desde el que trabajo.
Como psicóloga clínica, busco comprender junto con cada persona qué está sucediendo, qué patrones pueden estar manteniendo el problema y qué alternativas pueden ayudarla a relacionarse de otra manera con aquello que está atravesando.
Mi recorrido por las organizaciones no reemplaza la formación clínica.
La complementa.
Me permitió conocer de cerca distintos escenarios laborales y observar durante años cómo las personas afrontan cambios, conflictos, exigencias, pérdidas, decisiones y vínculos.
Hoy, esa experiencia forma parte de mi manera de escuchar y comprender a quienes llegan a consulta.
Porque el contexto importa.
Y comprenderlo también es parte de comprender lo que le sucede a una persona.
Si algo de lo que leíste resonó con tu momento actual, podemos conversarlo.
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